¿Cuántas de las decisiones que tomamos sobre nuestra salud están realmente basadas en evidencias y cuántas en ideas que nunca cuestionamos?
Este año, la Organización Mundial de la Salud puso el foco en la "Salud Centrada en la Persona y la Prevención Sostenible". Este lema subraya que la integridad de la evidencia científica no es solo un estándar técnico, sino la garantía fundamental para proteger el bienestar de la población en un mundo sobreinformado.
En Nutritools, para esta fecha, queremos traer a colación un caso que resalta la importancia de la evidencia científica como una entidad viva, en constante evaluación y cambio.
Durante décadas, el concepto de los somatotipos, desarrollado por William Herbert Sheldon, clasificó a las personas en tres categorías: ectomorfos, mesomorfos y endomorfos. Esta teoría, ampliamente difundida en ámbitos educativos, deportivos e incluso clínicos, sugería que la forma corporal determinaba capacidades físicas, metabolismo e incluso rasgos de personalidad.
El ejemplo más común es el de una persona catalogada como “endomorfa”, a quien se le atribuía una tendencia inevitable al aumento de peso y menor capacidad para el rendimiento físico. Bajo este enfoque, muchas decisiones en salud y nutrición se basaban más en la apariencia que en datos objetivos, lo que llevaba a intervenciones poco personalizadas o incluso ineficaces.
Sin embargo, el avance de disciplinas como la Cineantropometría ha transformado radicalmente esta mirada. Hoy sabemos que el cuerpo humano no puede reducirse a tres categorías rígidas. La cineantropometría permite evaluar la composición corporal, la distribución de masa muscular y grasa, y otros indicadores antropométricos de manera precisa y contextualizada, considerando factores como la edad, el sexo, el nivel de actividad física y el entorno.
Este cambio de paradigma refleja exactamente lo que la OMS propone: una salud centrada en la persona. Ya no se trata de encasillar cuerpos, sino de comprenderlos en su singularidad. La evidencia científica actual nos invita a abandonar creencias simplificadas y adoptar herramientas que evolucionan con el conocimiento.
En este sentido, pasar del somatotipo a la cineantropometría no es solo un cambio técnico, sino también ético. Implica reconocer que cada individuo merece un abordaje basado en datos reales, actualizado y libre de prejuicios. En un contexto donde la información abunda, pero no siempre es rigurosa, sostener la calidad de la evidencia se vuelve un acto de cuidado en sí mismo.
Porque la salud del futuro no se construye sobre etiquetas, sino sobre mediciones, interpretación crítica y decisiones informadas.
